La tribu elegida.

domingo, 21 de agosto de 2011

Aunque no voy a dedicarme a pintarme las unas, me pareció excelente este artículo... Tomado del blog

www.guitafora.com

http://www.guitafora.com/2011/08/la-tribu-elegida-o-como-ser.html?spref=fb


"La tribu elegida" (o cómo ser políticamente incorrecta).Por Ondina León

Una vez más, Cuba y los cubanos volvemos a ser noticia de primera plana. Pero no porque hayamos descubierto la cura del cáncer o porque tengamos la solución ideal para erradicar el hambre en el mundo, no. Ahora somos noticia porque el congresista David Rivera ha propuesto reajustar la Ley de Ajuste cubano, que data de 1966, y adaptarla a los tiempos que corren. Y su iniciativa ha provocado todo tipo de reacciones en el ciudadano de a pie (en el caso de Miami, en el ciudadano rodante) y en esa fauna variopinta de “libertadores” y “líderes” espirituales del exilio cubano y de la disidencia interna en la isla. Hay de todo: desgarramientos de vestiduras invocando lo sagrado que es la familia; golpes de pecho que enrojecen los rostros, mientras se reclaman derechos e izquierdos humanos; declaraciones más histéricas que históricas a favor y en contra; debates “de bate y pelota”, al duro y sin guante, en todos los medios de confusión, que no de difusión masiva; y un largo etcétera que no vale la pena ni mencionar.
A la altura de 53 años del accidente histórico, que ha venido engendrando este marasmo, ¿vale la pena que, una vez más, el gobierno de Estados Unidos tenga que hacer algo para tratar de asfixiar al castrismo? Respondiendo con pragmatismo, creo que sí. Todo lo que se pueda hacer para que ese régimen mafioso burocrático-militar, tan indecentemente parásito, tenga dificultades para financiarse y persistir es válido. Y esto por razones morales más que ideológicas. Sin embargo, ¿por qué tiene que ser un congresista estadounidense el que tome esta iniciativa? Porque a la inmensa mayoría de la tribu cubana no le importa el destino de ese país. Nuestro individualismo es tan feroz que estamos donde estamos, hundidos y dispersos, porque no hemos tenido un sentido de destino colectivo. Huir de la pesadilla, que engendramos nosotros mismos, ha sido la palabra clave. “Sálvese quien pueda” ha sido el grito de guerra, y que los americanos arreglen el asunto; o que Dios nos libre de ese mal; o que el reloj biológico le vuele la cabeza al dictador y a sus esbirros. Nos han sobrado verbos y adjetivos y nos ha faltado testosterona. Nos hemos convertido en libertadores de café con leche, sorprendidos por unas madrugadas nihilistas.
¿Y los disidentes que están dentro de ese vasto campo de concentración? Salvo algunas excepciones, tienen un valor simbólico y ético insondable, pero ni han conseguido nada ni creo que lo vayan a conseguir, porque son islas a la deriva dentro de una isla poseída por la desidia y la locura, por la xenofilia y el complejo de insularidad, por las bajas pasiones y la teatralidad, por el horror y la vulgaridad. Si algún logro reconocible ha tenido la tiranía castrista es haber idiotizado a las masas, a ese “vulgo municipal y espeso” del que hablaba Rubén Darío. El mismo triste volumen físico que llega a tierras estadounidenses reclamando los derechos que no supieron ni quisieron conquistar en su patria. Cada día más estomacales, más interesados en dejarse mimar por el consumismo capitalista, no se intuye en esta masa ni el más mínimo atisbo de dignidad y de coherencia moral, que los haga renunciar a volver a Cuba para practicar turismo sexual, traficar con arte, tabaco y ron, exhibir su ego voluptuosamente decorado con una cadena de oro, apropiada para amarrar a un gorila, o a dialogar con los sicarios del régimen con la ilusión de que van a “flexibilizar” los barrotes. No por gusto a Cuba la insultan diciéndole “La Isla de las Tres Eses”, Sexo, Sol y Socialismo; yo agregaría otra ese, la de santería, una próspera industria, porque ahora es una isla de “santos”.
¿Habrán leído estos cubanos a Enrique José Varona, ese ilustre pensador que naufragó en la cubanía? (No, ¡qué va!, hay que salir corriendo a escuchar a Pablo Milanés; no hay tiempo para esas profundidades). Porque Varona se preguntó hace más de un siglo: “¿De qué está hecho un tirano?”. Y se respondió sobriamente: “De la vileza de muchos y de la cobardía de todos”. Viles y cobardes hay por millones, aunque el día que desaparezca el castrismo, nadie habrá tenido la culpa de nada, según se ve venir por entre las brumas de la desmemoria.
¿Valdrá la pena que una se involucre en estas polémicas que tienen más de guerra de egos que de auténtico debate ideológico o filosófico, más de cacareo de cuervos que de careo político? Tal vez, sea mejor que me pinte las uñas y vaya a hacer trabajo comunitario en un asilo de enfermos terminales…

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