Posada Carriles o la batalla del cuerpo

viernes, 15 de abril de 2011

Después de mucho tiempo alejada de blogs y otras plataformas de opinión, al menos visiblemente, hoy comienzo con este artículo con el cual pretendo reactivarme en la "blogosfera", sobre todas las cosas porque me parece de alguna manera un punto de partida.
Como se viene observando y como he leído en algunas partes, especialmente hoy en el, como siempre, oportuno y certero PUNTO Y APARTE, de nuestro querido amigo y compatriota Aldo Rosado Tuero en su periódico digital Nuevo Acción, se acercan tiempos muy peligrosos para los que realmente deseamos la LIBERTAD TOTAL DE CUBA y la desaparición del régimen de los Castro.
Tenemos una gran tarea por delante y asumimos el deber de empujar con todas las fuerzas hasta el último día. Será una lucha fuerte porque tendremos que enfrentar no solo a las ratas del castrismo sino también al producto de ellas en su ya "revolución de 5 décadas", o sea, pueblo de a pie cansado y ancioso de al menos unas migajas con tal de escapar de la desesperación, juventud obstinada de politiquería y miseria y además obnibulada por tanta obstentación importada por una "masa turística" que poco le importa el dolor de un pueblo al que casi valora  como animales domésticos pero además  ahi radicará la mayor tarea, tendremos que enfrentar, si fuera necesario y creo que se viene venir a "disidentes y opositores" con buenas intenciones pero funestas ideas o hasta, por qué negarlo, algunos con poderosas maquinarias de apoyo y extrema SED DE PODER.
Sé muy bien lo que significa abrir la boca y criticar a algunos a quienes por H ó por B ya les han diosificado y entronado en el nuevo poder, pero no aspiro a tener popularidad ni a ese poder, aspiro a mi CUBA LIBRE, asüpiro a REGRESAR ALGUN DIA, aspiro a VER A MIS HERMANOS OTRA VES.... a bien poco aspiro y por tanto no me atemoriza la idea de ser criticada por decir lo que pienso, no me horroriza que me tilden de "segurosa"... en fin... mi humilde apoyo será para quienes no resbalen con el jabón de tocador.


Mi humilde congratulación por la liberación a Luis Posada Carriles y con ello me reactivo.

Tomado de Diario de Cuba

El término 'batalla de ideas' pretende hacer creer que existe un terreno ideal de conflictos, pero las ideas no constituyen un peligro para el castrismo.
El castrismo ha insistido en la naturaleza ideal de sus batallas. Con frecuencia se habla de la "Batalla de Ideas" y tendemos automáticamente a idealizar la contienda que aquel libra contra sus enemigos.
Ese concepto falso compromete ambos términos: por un lado, en su aspecto bélico, idealiza lo que, en propiedad, es una guerra civil; por el otro, en tanto "idea", desmaterializa la batalla campal. A este fenómeno propagandístico lo he llamado "idealismo castrista".
El calificativo "batalla de ideas" escamotea, sobre todo, el aspecto corpóreo de las hostilidades. En cambio, las ofensivas castristas ocurren siempre en el plano físico. Pero en una "batalla de ideas" la dialéctica de la lucha resulta invertida, puesta de cabeza: es el clásico ejemplo de cómo los ideólogos consiguen imponernos una falsa conciencia.
¡El cuerpo, idiotas, el cuerpo!
Notemos que la resolución del conflicto cubano depende del desenlace de un solo cuerpo. Elcuerpo del Líder: su esfínter, su corazón, sus pulmones, su hígado, son las claves del problema. Convenimos en que la muerte del Líder es la condición sine qua non para la libertad de Cuba.
El Líder ha ganado, precisamente, la batalla corporal. Su cuerpo resistió los embates de la enfermedad y el envejecimiento, y su permanencia e integridad física proclaman el triunfo sobre las calamidades de la vida. Podría decirse que el castrismo es idéntico a su duración natural. A esa exorbitante persistencia, que suplanta cualquier consideración metafísica, la he llamado (siguiendo a Bergson) la durée.
El cuerpo del Líder sorteó la muerte de mil maneras: en atentados, asaltos, caídas,  operaciones, accidentes, tanto en La Habana como en la Sierra Maestra. El Líder ha sobrevivido a sus enemigos, y quizás el aspecto más significativo de la actual situación es que continúe vivo, que pueda visitárselo en su Palacio, y que pueda dirigir las operaciones desde un centro vital situado en su persona. El eslogan "Siempre es 26" indica que el año de nacimiento de Fidel Castro recurre de manera regular e ininterrumpida.
Sin embargo, el Líder ha eliminado a sus enemigos corporalmente, no de manera ideal. Los disidentes son expulsados con sus familias y colocados a una distancia insalvable, fuera del terreno de operaciones. Cuando un ciudadano expresa dudas respecto al Sistema, o cuando los secretos de Estado (espionaje, tráfico de drogas) resultan comprometidos, la justicia castrista elimina al responsable mediante el fusilamiento o la cárcel, es decir, por eliminación física, no metafísica. Son bien conocidos los casos de Huber Matos, Manolo Castro, Tony de la Guardia, Oscar Elías Biscet o los cuatro pilotos de Hermanos al Rescate.
Con el término "batalla de ideas" se pretende hacernos creer que existe un terreno ideal de conflictos, y que los blogueros, pensadores, artistas y demás disidentes constituyen una amenaza para el Estado totalitario. (La situación en Libia y Egipto, o incluso en Irán, es diferente: los nuevos medios, en manos de todos, llegaron a desafiar la ubicuidad del Líder). Pero las ideas no constituyen un peligro para el castrismo (uno de cuyos atributos es la durée), porque está basado exclusivamente en el determinismo corpóreo.
'Hocus pocus'
El castrismo exhibe el cuerpo del Líder como prueba de su verdad. Es una especie de hocus pocus, o "Aquí está mi cuerpo", en el que Castro, o su Presencia, fungen como garantía eucarística. El cuerpo, que es el centro litúrgico del castrismo, encierra los misterios de la Resurrección y la Eucaristía. Lo que los peregrinos visitan en La Habana no es una idealización social, sino el cuerpo glorificado de Castro.
Entonces, en contraste con las argucias del idealismo castrista, entra en escena el único cubano poseedor de "otro" cuerpo: Luis Posada Carriles. Y con independencia de ser o no el autor de la voladura del avión de Barbados, Posada Carriles aparece como un desafío permanente a la jurisdicción corporal castrista.
Considerémoslo culpable o no: resulta imperdonable que un cubano de a pie crea a Fidel Castro capaz de interesarse por la suerte de un turista italiano, o por la de sesenta pasajeros a bordo de un avión. El constante interés en Posada Carriles converge en su cuerpo, en la persistencia de la corporalidad enemiga.
Posada Carriles representa al último hombre que enfrentó al castrismo "cara a cara", en sus campos de batalla reales, no ideales. Es una especie en extinción, el postrer espécimen de la Cuba perdida y de sus posibilidades. Se intenta idealizarlo atribuyéndole diversos crímenes, pero esto sólo consigue acercar más su imagen a la de Fidel Castro.
La fotografía que lo muestra con el balazo en la cara y el estigma en el costado es la antítesis de toda idealización: Posada Carriles es un Anti-Castro que ostenta las feas cicatrices de batallas corporales. De ahí que la Izquierda, que idolatra a Fidel y lo absuelve, no soporte la vista de este cuerpo cubano, demasiado cubano, en toda su ignominia.


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