Lo que callan y han callado los intelectuales y profesionales del mundo.

domingo, 19 de julio de 2009


Encontré este material en el blog de "Mambí en Acción" y me pareció tan interesante que decidí trasladarlo hasta aquí para que los lectores de este blog lo pudieran conocer y ver como se podría desenmascarar a los criminales castristas si contáramos con el apoyo de muchísimas más personalidades de los profesionales e intelectuales que por años han cooperado y de cierta forma encubierto los crímenes del castrismo.

Muy bien dicho por el Dr. Rafael Murci, ahora, pero que tenga en cuenta que calló por muchísimos años.

Resulta duro escuchar estas cosas y saber que se han mantenido guardadas, permitiendo el desmembramiento del cubano de la manera más cómplice que se pueda imaginar.

Estoy segura que los cubanos tendremos todas estas cosas en cuenta, porque hoy comienzan a saltar porque les han tocado sus cayos, pero si así no hubiera sido, estarían aún justificando y encubriendo la masacre que por 50 años se ha estado cometiendo contra el pueblo cubano, contra mis hermanos.

Carta escrita por el Dr. Rafael Muci-Mendoza, médico y profesor de la Escuela de Medicina de la Universidad Central de Venezuela al embajador de Cuba en ese país.

Excelentísimo señor Embajador:

Debería usted bien conocer que es de ética elemental el que un embajador no se inmiscuya en los asuntos internos del país que le acoge como huésped


Usted emplea el procaz lenguaje del Presidente de acá, para dividirnos en 'oligarcas' y 'proletarios', epítetos éstos dichos para agraviarnos y que nunca antes nadie utilizó. Siendo anti típico hablar en primera persona, debo expresarle que como muchos de mis colegas, y aunque a usted le duela, recibí en LIBERTAD, una excelente formación moral, ética y académica que coloca al paciente como principio y fin del acto médico, paradigma que he tratado de inculcar a mis numerosos alumnos.

Yo, como tantos, por cerca de 40 años y por un magro sueldo, he trabajado con tesón la mitad del tiempo en un hospital público, a costo subsidiado con nuestro ejercicio privado. Este último lo hemos ejercido como profesión liberal en clínicas privadas, en LIBERTAD, con honestidad, mística y orgullo.

Pero además, debe usted saber que en lo personal he visitado Cuba en tres ocasiones. No lo hice por curiosidad o turismo, y le confieso, que no conozco Varadero. He sido, y he continuado siendo, un invitado de sus médicos, y respecto a ellos, nunca hice uso de cuanto vi u oí en su país.

Su irritante intromisión me indica que es tiempo de hacerlo. En mayo de 1993, cuando su gobierno al fin dio a conocer al mundo la epidemia que a pesar de sus adversas consecuencias, había mantenido en secreto desde 1991, y amenazaba con dejar en la penumbra visual a más de 40 mil sufrientes, formé parte de una misión humanitaria que visitó la isla. En compañía de colegas cubanos y de diversas procedencias, examiné personas afectadas, ayudé a definir el paciente-tipo y a esclarecer las causas de lo que se dio en llamar Neuropatía Óptica Cubana, y que en resumen --a despecho de que se haya invocado un factor multifactorial-- fue trasfondo de miseria y hambre. En cinco ocasiones me reuní con su Comandante para discutir estrategias diagnósticas de la epidemia, hoy por cierto trocada en endemia. En una de estas reuniones, y aunque parezca una pretensión el decirlo, una de mis colegas cubanas dijo públicamente, que la neuro-oftalmología cubana se dividía en dos períodos, antes y después de las visitas docentes del doctor Muci.

A pedido de su Señor, hice mi último viaje a Cuba. Les comuniqué todo cuanto sabía; guiados de mi mano aprendieron nuevas técnicas, mis diapositivas fueron copiadas, y mis charlas video, grabadas. No pedí nada a cambio. Mucho me fue ofrecido, pero el olvido es traicionero. Una simple esquela de agradecimiento me fue regateada.
Regresé con la satisfacción del deber cumplido y un rictus de dolor al recordar la mirada famélica de mis colegas, trasunto de hambre de LIBERTAD, hambre biológica, pero también hambre intelectual al carecer de los instrumentos básicos para adquirir conocimientos: libros y revistas científicas.

Mientras tanto, Cuba exportaba su revolución con los dineros de un pueblo miserable. Pude apreciar allí dos clases de médicos. Unos, 'los olvidados' --a lo peor, distanciados del partido comunista-- que ocupan los escaños más bajos de la pirámide médica sin esperanzas de ascender. Ésos no asistieron a mis charlas. En mi universidad asisten a mis cursos, en LIBERTAD y por libre albedrío, quienes así lo deseen, sean médicos, estudiantes y aún miembros de otras profesiones. La otra clase, que llamaré 'la nomenclatura' --los ubicados en el vértice--, tenían acceso a la escasa tecnología y eran celosos guardianes de los libros depositarios del poder que da el conocimiento. Esos privilegiados del sistema, tienen acceso a los banquetes, y viajan al exterior con dólares olvidando a aquellos pobres colegas que se quedaron en casa. La sociedad cubana es una sociedad triste, donde se habla calladito para no ser escuchado por el Estado policial, donde se asciende siendo fiel y denunciando; en fin, trepando por sobre las cabezas de otros. La medicina de avanzada que ostentan, está apoyada en una ingeniosa propaganda, pero en realidad es una triste farfolla.

Los delineamientos de su 'mar de felicidad', han encontrado eco en un gobierno antinacionalista, formado por una chusma precaria de talentos. Por ello, con la creatividad castrada y a un coste de 1,3 millones de dólares diarios, prefieren buscar 'asesorías' y enviar enfermos a la isla. Su nulidad y estulticia, les impide tomar medidas de contingencia para ayudar a tanto necesitado que clama en nuestros hospitales por la resolución de sus problemas. Como usted declara, traer '1.500 profesionales' de sus fábricas de médicos, es otro inaudito ejemplo de traición a la Patria, de desnudez neuronal, un intolerable insulto, una incomprensible medida si se toma en cuenta, por una parte, el desempleo local y, por la otra, el que apenas son necesarios menos de 59 médicos para llenar las plazas vacantes para las que, estoy seguro, hay voluntarios. Las erradas políticas de salud no son culpa de los médicos. Son exclusiva competencia del Estado venezolano.

Hago mío el eco lastimero de mis pacientes, y reclamo para ellos el dinero que injustamente se les regala a ustedes. Esos pobres seres han visto empeorar sus dolencias a lo largo de cuarenta años de apatía, pero, a no dudar, ahora se encuentran peor desde que 'el proceso' trata de rasarnos con ustedes, por lo bajo. Hay en la isla de Cuba demasiados aspectos que mueven a vergüenza y dolor, demasiados como para que usted cínicamente, nos censure.

Se puede engañar a alguien una vez, pero no a todos, todo el tiempo.


DR. RAFAEL MUCI-MENDOZA C.I. 1.345.517

1 comentarios:

Maria Elena dijo...

Cada vez que releo esta carta no se por quén sentir más desprecio, si por los asesinos castristas o por los profesionales y en específico por este señor que ve con orgullo no haber dicho jamás palabra alguna de lo que en Cuba vió y oyó, aún cuando él mismo reconoce que se estaba poniendo en juego la visión de por lo menos 40 mil cubanos.
Da escalofríos por lo que hemos pasado los cubanos, el total desprecio y la ignorancia, en especial por los propios hermanos latinoamericanos.

Y ahí está, hoy están sufriendo en manos de gobiernos subyugados a quienes por décadas nos han maltratado, humillado y arrancado hasta los más mínimos derechos.
Por eso hoy todos debemos juntar las fuerzas y arrancar ese mal de raíz.
La historia, Dios y los hechos sanarán las heridas..Eso espero.

Maria Elena

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