"NO HAY DIALOGO CON TIRANOS". Por Alfredo M. Cepero.

domingo, 7 de junio de 2009


En las últimas semanas se ha desatado una epidemia de diálogo, tanto en el ámbito cubano como en el internacional, que amenaza con exacerbar las pasiones de quienes luchamos por una Cuba democrática, libre y justa.

Hace solo unos días, la Organización de los Estados Americanos, reunida en San Pedro Sula, Honduras, decidió dejar sin efecto la resolución adoptada en la Octava Conferencia de Cancilleres, celebrada en 1962 en Punta del Este, Uruguay, por la cual fue expulsado el gobierno comunista de Cuba de la organización interamericana. En aquel entonces se decidió “excluir al gobierno de Cuba de toda participación en el sistema interamericano por profesar una filosofía marxista-leninista”.

Pero en los 47 años transcurridos entre Punta del Este y San Pedro Sula el panorama internacional ha experimentado más cambios y dado mas vueltas que el planeta Tierra.

Todo esto condujo a la adopción por la OEA de una resolución nebulosa donde se afirma que el objetivo es “abrir un diálogo en concordancia con las prácticas, propósitos y principios de la OEA”. Nada se dice sobre la Carta de la OEA donde se afirma que “la democracia es el sistema ideal para promover el desarrollo, proteger los derechos humanos y consolidar el estado de derecho”. Mucho menos se habló de la burlada Carta Democrática Interamericana adoptada el 11 de septiembre del 2001 en Lima, Perú. Lo que se quiso decir con lo de “prácticas, propósitos y principios de la OEA” lo saben únicamente los corruptos, hipócritas y oportunistas que por razones inconfesables, pero todas ellas malignas, cometieron este flagrante acto de traición al pueblo de Cuba.


De lo que no cabes dudas es de que esta resolución estuvo encaminada a esconder la farsa y la contradicción de que una organización que se proclama promotora de la democracia y de la libertad haya tendido la mano hacia una tiranía que en lo jurídico y en lo práctico viola hasta el último vestigio de convivencia civilizada. Permitió además que los cuatro jinetes del actual Apocalipsis Latinoamericano—Chávez, Ortega, Correa y Morales—regalaran a su siniestro y decrépito mentor un perdón inmerecido y dieran el golpe de gracia a la poca credibilidad que aún le quedaba al desprestigiado organismo regional. Estemos además conscientes de que esta traición no habría sido posible sin la complicidad del Departamento de Estado de los Estados Unidos. Esto explica la razón por la cual Hillary Clinton abandonó en forma apresurada la conferencia y dejó en manos del Subsecretario Thomas Shannon la vergonzosa tarea de explicar la infamia del voto norteamericano a favor de la resolución.

Por otra parte, definitivamente más inquietante y potencialmente más conflictivo es el último proyecto de diálogo anunciado recientemente por cubanos de dentro y de fuera de la Isla. La lista es larga y está llena de sorpresas para quienes encontramos en ella a amigos que hemos apreciado y respetado por gran parte de esta dolorosa y prolongada marcha de regreso a la libertad y la democracia. Sin entrar en especulaciones, presumo que las razones esgrimidas por quienes proponen semejante capitulación ante los verdugos de nuestro pueblo son aún más numerosas que la lista. Sin embargo, no me caben dudas de que, aunque están totalmente equivocados y muchos son víctimas de la manipulación de los agentes infiltrados en su seno, la mayoría de ellos son cubanos que desean la felicidad del pueblo de Cuba. Por eso, en vez de atacar sus motivos o su conducta, optamos por exponer nuestras razones por las cuales rechazamos todo diálogo con los matarifes y ladrones que han desatado sobre nuestra patria esta plaga mortífera y asfixiante de cincuenta años. Veamos:

Los miserables que se robaron el poder aquel ominoso primero de enero han dicho hasta la saciedad que llegaron al poder a tiro limpio y que sólo lo abandonarán cuando los echemos de la misma forma. Es hora de que los escuchemos en toda su cruda maldad y ostensible bravuconería y dejemos de hacernos ilusiones de que son capaces de la decencia o de la compasión. Es hora de que quienes de verdad queremos la libertad de Cuba lleguemos a la conclusión ineludible de que no hay diálogo con tiranos.

Los diálogos, negociaciones migratorias e intercambios comerciales a través de este medio siglo no han hecho otra cosa que consolidar la tiranía y prolongar la angustia de nuestro pueblo.

Aunque ellos, al igual que quienes nos les oponemos, nacimos en la misma tierra ellos no son cubanos porque odian al pueblo de Cuba. Aunque todos nacimos hablando español no nos comunicamos en el mismo idioma. Lo que para nosotros es tolerancia para ellos es debilidad, lo que para nosotros es diálogo para ellos es cobardía, lo que para nosotros son concesiones racionales para ellos es admisión de derrota.

Cualquier arreglo o entendimiento que trajese como resultado la impunidad de estos rufianes implicaría perder la oportunidad de demostrarle a las futuras generaciones de cubanos que los delincuentes tienen que pagar sus deudas con la justicia. Sería como echar por la borda el mejor antídoto para inocular a la república contra futuros tiranos, demagogos y ladrones. Los pueblos, como los niños, aprenden mejor por el ejemplo que por la retórica.

Dejar de aplicar la justicia a quienes han violado los más elementales derechos humanos equivaldría a otorgarles un perdón indiscriminado a estos delincuentes y a hacer una injusticia irreparable a sus víctimas. Coincidimos con el Profesor Carlos Ripoll, quien en su brillante artículo La Defensa del Castigo dijo: “Toda persona tiene derecho a manejar a su modo la afrenta que padece”. Pero, a los efectos de que no quedaran dudas, agregó: “Hay delitos unipersonales y hay delitos que afectan a muchos, y aun a ideas y sentimientos...…. El crimen de lesa patria no puede quedar impune, es colectivo, y a muchos obliga la justicia.” Y concluyó afirmando: “Derecho se tiene a perdonar lo propio, lo que a uno le toca del crimen, pero no más.” Por lo tanto, como a todos los cubanos nos tocará escoger, yo escojo estar en el bando de quienes aplican la justicia antes que en el bando de quienes perdonan ofensas que no les fueron inflingidas en su propia persona.

Por último, admito con humildad que, como ser humano, no estoy exento de pasiones y sentimientos. Y ahí radica quizás la barrera infranqueable que me impediría participar en diálogo alguno. Al final de mi vida no podría dar un giro de 180 grados y estrechar la mano putrefacta y ensangrentada del binomio diabólico de Biran o de cualquiera de sus execrables compinches. De nada me valdría una patria suplicada a mis enemigos si con ello hubiera tenido que entregar a cambio mi honor y mi autoestima. Quiero cerrar los ojos a mi paso por esta Tierra con el orgullo de saber que muero como he vivido y dejado un legado de honor a mi descendencia. Sin patria pero sin claudicaciones. Sin patria pero sin complicidad con los verdugos de mi pueblo. Sin patria pero sin amo, como dijo el hombre que debe ser brújula y ejemplo de todo el que se comprometa a terminar su obra, descarrilada tantas veces por el egoísmo, la avaricia y la improvisación de los hijos indolentes de Cuba.

Miami, Florida, 8 de junio del 2009.

0 comentarios:

Publicar un comentario

 
 
 

Archives